Relaciones Internacionales

La sala 2172

Por Josué FialloFundación Diplomacia Dominicana

El sábado escribí seis lecciones para la víspera. Hoy toca examinar lo que no aprendimos.

En el segundo piso del edificio Rayburn, al sur del Capitolio, hay una sala de paneles de madera oscura y una tarima en forma de herradura. Es la 2172. Allí sesiona el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes. Un mazo de madera abre las audiencias donde se discute qué piensa Washington del mundo y, de vez en cuando, de nosotros.

Con la nueva mayoría demócrata, ese mazo cambiará de manos.

Las proyecciones electorales dan a los demócratas el control de la Cámara y del Senado. El escrutinio sigue abierto, pero el cambio político ya tiene consecuencias para Santo Domingo. Lo que no se aprendió a tiempo, desde esta mañana cuesta más.

Gregory Meeks, representante del sureste de Queens desde 1998 y presidente del comité entre 2021 y 2023, se perfila para volver a sostener el mazo, salvo cambios en los acuerdos internos para organizar la nueva mayoría y llevar a Hakeem Jeffries a la presidencia de la Cámara.

El giro, sin embargo, trasciende a Meeks. Si asumiera otra responsabilidad, cabe esperar que la nueva presidencia demócrata del comité mantenga las principales preocupaciones que ha expresado. La mayoría tendrá capacidad para convocar audiencias, exigir documentos y disputar las condiciones de la política exterior. La interlocución con los demócratas deja de ser una tarea que nuestra diplomacia puede postergar.

Donald Trump seguirá en la Casa Blanca hasta enero de 2029. Lo que cambió anoche es quién podrá exigirle cuentas, bloquear iniciativas y hacer que algunas decisiones cuesten más.

Para Santo Domingo, esa diferencia se mide en tres puertas de la Cámara: Asuntos Exteriores , donde se discutirán Haití y la presencia militar estadounidense en el Caribe; Medios y Arbitrios , con competencias sobre aranceles y acuerdos comerciales; y Asignaciones , donde se preparan las partidas que dan respaldo a los discursos. Al otro lado del Capitolio, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado examina tratados y nominaciones de embajadores antes de someterlos al pleno. Cultivar solo al Ejecutivo deja sin atender buena parte de ese poder.

Hay también una oportunidad. Tres legisladores de raíces dominicanas formarán parte de la mayoría: Darializa Ávila Chevalier , por el distrito 13 de Nueva York; Analilia Mejía , por el 11 de Nueva Jersey; y Manny Rutinel , por el 8 de Colorado. Los tres son demócratas. Su presencia amplía las posibilidades de interlocución, pero no sustituye una relación sostenida con su partido.

En noviembre de 2025, una delegación bipartidista del comité visitó Santo Domingo encabezada por su presidente, el republicano Brian Mast . El comunicado de la Cancillería identificó entre los visitantes a los demócratas Ami Bera y Jimmy Panetta , pero solo recogió declaraciones de Mast y de la embajadora Campos. La visita fue bipartidista; su relato público tuvo una sola voz partidaria. Los demócratas volvieron a Washington desencantados.

Diez meses después, durante la semana de alto nivel de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), la Cancillería informó de 25 reuniones bilaterales. Hubo un encuentro con el canciller ruso Serguéi Lavrov. Meeks también estaba en Nueva York. No hubo reunión con él.

La responsabilidad puede ser compartida. Pero un Estado no administra excusas; administra consecuencias. El sábado escribí que los comités tienen memoria. No hacía falta ponerla a prueba.

La tentación dominicana frente a la incomodidad ajena es conocida: atribuirla a la ignorancia, a la mala fe o a una campaña contra el país. Es cómoda y cara. Conviene leer el expediente como podría leerlo el personal demócrata del comité: las deportaciones de haitianos, las garantías del debido proceso y los límites de la cooperación con operaciones militares estadounidenses en el Caribe que Meeks ha cuestionado. Y recordar la campaña de junio.

Contra Ávila Chevalier circularon ataques que pusieron en duda su identidad dominicana y le atribuyeron una nacionalidad haitiana. Lo vi y lo escuché durante la primaria de junio. Surgieron de la campaña de Adriano Espaillat y de voceros como Ruskin Pimentel. Medios dominicanos los reprodujeron, y autoridades la impulsaron a través de las seccionales en Nueva York y Nueva Jersey y de voceros de alto nivel. Fue un discurso de resonancia antihaitiana y antimusulmana. Fue vergonzoso y desagradable.

La candidata a la que se intentó descalificar es hoy congresista electa. Nuestra diplomacia debe decidir si quiere prolongar aquella hostilidad o construir una relación de respeto.

Los calendarios dicen más que los comunicados. En enero, Darializa Ávila Chevalier jurará su escaño en el Capitolio. Ese mismo mes, si se confirman las versiones, uno de los voceros de la campaña que intentó descalificarla comenzará a trabajar como asesor de uno de los poderes del Estado dominicano. Nadie en Washington necesitará que se lo expliquen.

En octubre, Meeks cuestionó públicamente al presidente colombiano y a Javier Milei por intervenir en elecciones estadounidenses. La República Dominicana haría bien en no esperar su advertencia por escrito. El error es de oficio. Se confunde acceso con relación y cercanía con estrategia cuando se trata a una bancada como un trámite que puede esperar a que la aritmética obligue. Anoche la aritmética obligó.

El desafío tiene además un rostro. Bisonó llegó a la Cancillería en agosto. Entre sus interlocutores públicos en Washington figuran Brian Mast, Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y Bernie Moreno. Esa puerta republicana debe seguir abierta. El trabajo pendiente es desarrollar una interlocución igual de sólida con los demócratas. Un canciller administra los intereses permanentes de un país entre gobiernos que cambian. Miami no basta para entender Washington.

Nada de esto exige renunciar a una posición dominicana. Hay terreno para trabajar con Meeks y los demócratas: perseguir a quienes financian las pandillas en Haití, defender la supervisión del Congreso y exigir reglas donde hoy hay discrecionalidad. Coincidir en esos asuntos permite discutir con mayor credibilidad aquellos en los que discrepamos.

El margen para actuar es breve. Antes de que el nuevo Congreso comience su mandato en enero, las bancadas organizarán sus equipos y prepararán prioridades. Quien espera a marzo puede encontrar que el diagnóstico sobre su país ya fue escrito por otros.

Desde julio, los productos dominicanos no exentos afrontan un arancel adicional del 12.5 % al entrar en Estados Unidos, bajo la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. Desde septiembre hay conversaciones con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. Esas negociaciones deben acompañarse de consultas con los responsables de comercio en ambas cámaras. Un alivio pactado con el Ejecutivo será más sólido si también cuenta con respaldo en el Congreso.

Haití tampoco espera. La financiación estadounidense de la fuerza internacional y la supervisión de las sanciones contra quienes sostienen a las pandillas pasarán por comités con mayoría demócrata. Meeks intervino en la audiencia de julio sobre ese asunto e impulsó la legislación para identificar y sancionar a las élites vinculadas con las bandas. Si queremos que nuestro diagnóstico pese, tenemos que participar en la conversación antes de que se adopten las decisiones.

Lo inmediato es felicitar , con nombre y apellido, a quienes integrarán el nuevo Congreso. El presidente y el canciller deben dirigirse a Meeks, mantener el contacto con Mast y reconocer las victorias de Ávila Chevalier, Mejía y Rutinel. En el caso de Ávila Chevalier, el gesto tendría un valor particular después de junio.

Luego, ir a Washington a escuchar. El canciller debe solicitar una reunión con Meeks y con el personal demócrata del comité, y llevar respuestas sobre sus preocupaciones: trabajo forzoso , debido proceso migratorio y cooperación contra las redes que financian las pandillas haitianas. Escuchar también permite reconocer objeciones que una carpeta de promoción no resuelve.

La agenda comercial requiere un canal propio con Medios y Arbitrios y con el Comité de Finanzas del Senado. Consultarlos durante la negociación permite identificar resistencias y posibles aliados. Informarles al final deja menos espacio para construir respaldo.

El trabajo debe continuar después de la visita: una embajada con interlocución regular en los comités, asesoría registrada con acceso real a ambos partidos y un sector privado capaz de hablar con los dos. Y ningún intento de reclamar como propios a tres legisladores que responden a sus votantes, no a Santo Domingo.

La línea E del metro de Nueva York cruza bajo el río y termina en Jamaica, Queens, en el territorio político de Meeks. La distancia entre una delegación dominicana en Manhattan y ese interlocutor nunca ha sido insalvable. El trayecto pendiente es político.

Cuando la nueva presidencia del comité abra su primera audiencia en la sala 2172, el golpe del mazo anunciará algo más que el inicio de una sesión. Conviene que, para entonces, la República Dominicana ya conozca el camino a Queens.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una embajada y en qué se diferencia de un consulado?

La embajada representa políticamente al Estado ante el gobierno del país receptor y suele estar en la capital. El consulado atiende trámites y asistencia a los nacionales —pasaportes, actas, legalizaciones— y puede abrirse en otras ciudades.

¿Qué es la inmunidad diplomática?

Es la protección jurídica que la Convención de Viena de 1961 concede a agentes diplomáticos y a los locales de la misión para que puedan ejercer sus funciones sin interferencia. No es un privilegio personal: puede ser renunciada por el Estado acreditante.

¿Qué son las cartas credenciales?

El documento firmado por el jefe del Estado acreditante que presenta a su embajador. Hasta que se entregan formalmente, el jefe de misión no asume plenamente sus funciones representativas.

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