Inquietudes diplomáticas: la diplomacia pública
El objetivo de la diplomacia pública, como forma de ejecución de la diplomacia contemporánea consiste, básicamente, en influir sobre el comportamiento de gobiernos extranjeros de forma indirecta, es decir teniendo incidencia sobre las actitudes de sus ciudadanos. Siempre en el marco del Derecho internacional, y del respeto al principio de la “no intervención en asuntos internos” de otros países. (Nicolas Cull /Javier Noya).
Para los Estados, el propósito de la aplicación de la diplomacia pública puede estar dirigido a lograr opiniones favorables hacia una causa u orientación, o respecto a determinadas actuaciones. Asimismo podría proponerse influir en la Comunidad Internacional (“con información verificable”) para lograr la aceptación pacífica de una determinada actuación del país, o para justificar una situación. Siempre en el marco del Derecho internacional.
Tal como lo consignan diversos tratadistas contemporáneos, la diplomacia pública consiste, esencialmente, en una serie de iniciativas destinadas a ejercer influencia estratégica sobre audiencias extranjeras, tanto para élites y líderes de opinión, como para el público en general.
A los Estados, la diplomacia pública puede agenciarles un capital de simpatías susceptible de dar eficacia a determinadas acciones en las relaciones exteriores, valiéndose tácticamente, entre otros factores, de su cultura de manera metódica, fomentando el “poder suave” y reforzando la identidad nacional; y sobre todo, con la consistente difusión de sus puntos de vista, y con ello, la promoción y defensa de sus intereses. Teniendo presente que la percepción de un país en el exterior, tiene implicaciones sobre su capacidad para atraer inversiones y turismo.
La diplomacia pública, metódicamente, facilita poder conducir aspectos esenciales de las relaciones exteriores, a través de los medios de comunicación incluyendo, los medios electrónicos y en ellos la inteligencia artificial, entre otras acciones; siempre teniendo en cuenta el principio de unidad de acción exterior del Estado.
La precitada diplomacia pública permite proyectar una imagen “atractiva, confiable y digna” del país, promoviendo entre otras virtudes, la de ser un país “seguro, progresista, creativo e innovador”, de manera que genere un conveniente nivel de prestigio y empatía a su favor, tal como lo demandan entre otras acciones, las que tienen lugar en los ámbitos económicos, y de la política internacional.
La diplomacia pública suele contar, como complemento para su eficacia, con la efectiva implementación del proyecto estrategia marca país, que se propone crear una adecuada identidad visual del mismo.
Hoy, planificar un proyecto de diplomacia pública, es una labor eminentemente técnica, que demanda una sólida formación académica (teórica y práctica) en la propia diplomacia pública.
Conviene recordar, como referencia histórica, que la expresión diplomacia pública- aplicada para denominar un proyecto contemporáneo-, fue acuñada por Edmund Gullion, un reconocido diplomático-académico estadounidense, entonces decano, y docente, de la “Fletcher School of Diplomacy, de Tufts University”.
Debe destacarse que dicho proyecto, por bien fundamentado, tuvo una significativa acogida, para ser aplicado como una forma de ejecución de la diplomacia contemporánea, originalmente en los Estados Unidos y el Reino Unido, y se ha ido adoptando y adaptando en diversos países.
Evidentemente, dicha forma de ejecución, demanda de sus implementadores y ejecutores, y también de los docentes de la maestría, y de la especialidad (en diplomacia pública), asimismo de los autores de publicaciones a ese respecto de carácter académico, que estos deban tener como base conceptual la formación multidisciplinar que exige la efectividad del ejercicio diplomático contemporáneo (consignada en columnas precedentes).
Igualmente, resulta indispensable contar con una maestría, o especialidad, como antes se consignó, en diplomacia pública.
En las Cancillerías, para la implementación de la diplomacia pública, debe partirse de una consistente investigación, para determinar la percepción que se tiene del país internacionalmente y a nivel interno. De manera que en base a los objetivos establecidos se puedan identificar las acciones más convenientes a llevarse a cabo y los ejes temáticos, y los medios a través de los cuales se realizarán.
Asimismo, su implementación y ejecución demandan poder contarse con funcionarios dotados de los conocimientos, y experiencia, en la aplicación de la diplomacia pública, precedentemente señalados.
Debe crearse, también, un órgano central técnico, que periódicamente elabore las nuevas estrategias, y ejecute planificadamente, mecanismos para la evaluación de las existentes.
Cabe resaltar, la diferencia establecida entre la diplomacia pública y la propaganda. Mientras la diplomacia pública busca despertar "el interés en el beneficio mutuo, la cooperación y la transparencia"; en cambio, la propaganda “es coercitiva, e impone los contenidos", y no abre espacio para el diálogo y el cambio.
Otros aspectos del tema, serán tratados subsecuentemente, en nuevas columnas del autor.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una embajada y en qué se diferencia de un consulado?
La embajada representa políticamente al Estado ante el gobierno del país receptor y suele estar en la capital. El consulado atiende trámites y asistencia a los nacionales —pasaportes, actas, legalizaciones— y puede abrirse en otras ciudades.
¿Qué es la inmunidad diplomática?
Es la protección jurídica que la Convención de Viena de 1961 concede a agentes diplomáticos y a los locales de la misión para que puedan ejercer sus funciones sin interferencia. No es un privilegio personal: puede ser renunciada por el Estado acreditante.
¿Qué son las cartas credenciales?
El documento firmado por el jefe del Estado acreditante que presenta a su embajador. Hasta que se entregan formalmente, el jefe de misión no asume plenamente sus funciones representativas.
